EN ADÁN ó EN CRISTO.

EN ADÁN ó  EN CRISTO.

En la epístola a los romanos, El Apóstol  Pablo trata primeramente de mostrarnos lo que hemos hecho, y entonces trata de mostrarnos lo que somos. Las expresiones “en Adán” y “en Cristo” son muy poco entendidas por un sinnúmero de  creyentes. Somos todos nacidos “en Adán”. Somos todos constituidos pecadores. Somos miembros de una raza de seres que no son constitucionalmente lo que Dios quiso que fuesen.

 

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A causa del pecado del primer Adán tuvo lugar un cambio fundamental en toda la raza humana, ya  por el que se convirtió en pecador, vale decir uno constitucionalmente imposibilitado de agradar a Dios; y, corno hijos suyos, todos nos parecemos a él no sólo en lo exterior sino también en lo interior. ¿Y cómo vino a ser todo esto? Por la desobediencia de un hombre.

 

La enseñanza bíblica no es que somos pecadores porque cometemos pecados, sino que pecamos porque somos pecadores. Somos pecadores por naturaleza antes que por acción. Así lo expresa el apóstol Pablo en la epístola a los romanos 5:19 lo expresa: “Por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos (hechos) pecadores”.

 

Somos constituidos pecadores, no por los pecados que cometemos, sino por estar en Adán. Todos nosotros pecamos antes de nacer, porque estábamos “en Adán” cuando él pecó. Nosotros estuvimos imputados en el pecado de Adán, y por nacer “en Adán”, recibimos todo aquello que es de Adán. ¿Observas la unidad de la vida humana? Nuestra naturaleza viene de Adán. Nuestra existencia viene de él, y porque su vida fue pecaminosa, tal es la nuestra. Así que la dificultad es por herencia y no por nuestro comportamiento. A menos que podamos cambiar nuestra parentela, no hay rescate para nosotros: y es así precisamente cómo Dios resolvió la situación.

 

En la epístola a los romanos capítulo 5 se nos muestra  no solamente algo acerca de Adán, sino también del Señor Jesús – “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” (Ro. 5:19). Fuimos hechos pecadores  por causa de Adán, pero constituidos justos por causa de Cristo. Por uno, (Adan) pecadores; por Otro, (Cristo) justos.

 

Cuando murió el Señor Jesús, hizo cesar toda la vida en Adán; cuando resucitó nos impartió nueva vida, su propia vida. “Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo Señor nuestro” (Ro. 5:20,21).

 

Apreciado lector deseo que a través de las siguientes líneas y párrafos, comprendas un ápice de la maravillosa gracia divina.

EL MEDIO DIVINO PARA LIBERARNOS.

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Claramente Dios propone que esta consideración nos lleve a experimentar la liberación del pecado. Esto, Pablo lo aclara al principio del capítulo 6 con la pregunta: “¿Perseveraremos en el  pecado?” Su ser entero rechaza la mera sugestión. En ninguna manera, exclama el apóstol. ¿Cómo puede un Dios santo estar satisfecho con hijos impíos, esclavos del pecado? Así, pues, “¿cómo viviremos aún en él?” (Ro. 6: 1,2). Dios, por tanto ha hecho provisión adecuada para que seamos librados del dominio del pecado.

 

Note usted apreciado Lector, que el termino pecado en el capítulo 6 de la epístola a los romanos, está claramente en singular. Un aspecto es pecado en singular y el otro aspecto es pecados en plural. Pecado>singular nos habla de la Naturaleza que heredamos en el primer Adán. En el segundo aspecto pecados>plural, nos habla del fruto, los actos de esa naturaleza llamado pecado.

 

He aquí nuestro problema. Nacimos pecadores; ¿cómo, pues, podremos separarnos de nuestra herencia pecaminosa? Entendiendo que nacimos en Adán ¿cómo separamos de Adán? Aquí me apresuro a aclarar que la Sangre no nos puede separar de Adán. Hay un solo camino. Ya que entramos por nacimiento, es evidente que saldremos por muerte. Para separarnos de nuestra tendencia pecaminosa, debemos separarnos de nuestra vida. La esclavitud al pecado vino por nacimiento; la liberación del pecado viene por muerte, y es precisamente éste él medio de escape que Dios ha provisto. La muerte es el secreto de la emancipación – “Muertos al pecado” (Ro. 6:1,11).

 

Pero ¿cómo morir? Algunos de nosotros hemos tratado afanosamente de librarnos de esta vida, pero la encontramos muy tenaz. ¿Cuál es la solución? No es tratar de matarnos, sino reconocer que Dios NOS ha juzgado “en Cristo” -” ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados (Sumergidos, introducidos en Cristo Jesús), en este texto el apóstol Pablo no se refiere al bautismo en  agua,  hemos sido bautizados (sumergidos, introducidos en su muerte?” (Ro. 6:3). Pablo hace énfasis es en el hecho indiscutible de la operación de la gracia de Dios, producto del nuevo nacimiento.

 

Entonces, si Dios ha tratado con nosotros “en Cristo Jesús”, ¿cómo entramos en Cristo? No tenemos modo de entrar, pero no necesitamos tratar de entrar, pues ya estamos. Lo que no pudimos hacer nosotros, Dios lo ha hecho a nuestro favor; Él nos ha puesto en Cristo. ¡Ala­bado sea Dios!, gloriosa su gracia,  no se dejó que nosotros descubriéramos o hiciéramos camino. “Por Él estáis vosotros en Cristo Jesús” (1 Cor. 1: 30). No necesitamos pensar de cómo entrar. Dios ya lo ideó, y también lo llevó a cabo. Ya hemos entrado y, por consiguiente, no necesitamos tratar de entrar. Es un hecho divino, y es cosa terminada.

 

“Por Él estáis vosotros en Cristo Jesús”. Dios nos ha puesto en Cristo, y en su proceder con Cristo,  Nuestro destino está ligado con el suyo, y lo que pasó con Él, pasó también con nosotros.

 

Cuando Cristo fue crucificado, nosotros también; y su crucifixión fue en el pasado y por lo tanto la nuestra; no puede ser futura. Que me muestre alguno un solo versículo en el Nuevo Testamento que diga que la crucifixión es cosa del futuro. Fuimos crucificados cuando lo fue Él, pues Dios nos puso en Él.  “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado (naturaleza pecaminosa) (Rom. 6:6)

 

“Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado”.  (Rom 6:7)

 

Que hemos muerto en Cristo no es una mera posición doctrinal, sino una verdad, un hecho eterno. “Todos los que hemos sido bautizados (sumergidos introducidos en Cristo Jesús hemos sido bautizados (sumergidos, introducidos) en su muerte)” (Ro. 6:3). Estar “en Cristo” es equivalente a haber sido identificados con Él en su muerte y resurrección. La Cruz es el poder de Dios que nos traslada de Adán a Cristo.

 

Soy  Ángel Paz, Reformando en plenitud”, un espacio para fundamentarte temas vitales en cuanto a tu fe, y otros tópicos que iremos tratando en otras oportunidades.

 

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